viernes

Parada número 12

Cada día les veo caminar el mismo trayecto dos veces, raudos por la avenida que conduce al mar. A veces se sientan a mi lado, sólo un rato, con sus tablas de surf, y algún bolso con mantas. Son cuatro muchachos, al parecer sólo amigos.
A veces me miran, sobre todo uno: Simón, y creo que le gusto. Una vez tocó mi mano, pero fingió una casualidad cuando el resto de su grupo lo observó... se ruborizó y no dijo palabra alguna. Yo también fingí como si nada hubiese pasado, no quise seguir avergonzándolo.
Todos los veranos me sucede lo mismo... los forasteros que llegan a vacacionar se pasan un rato y me miran un par de veces, pero ninguno se atreve a charlar... los intimido, lo sé, porque les oí decir aquello a unas mujeres que admiraron mi ropa.
Son las 6 de tarde y a esta hora los chicos deben estar por regresar del mar... se sentarán a descansar antes de seguir el camino hasta sus casas. A pesar del frío que hacía esta mañana han salido todos sin ningún pulover, seguro se resfriarán...

A veces me gustaría salir de aquí para acompañarlos y ver por fin el mar... me gustaría poder decirle a Simón que también me gusta...
A veces, sólo a veces me gustaría dejar de ser la chica del anuncio publicitario en la parada número 12

5 comentarios:

Arcángel Mirón dijo...

Debe ser una existencia triste, no?

Mejor estar y ser así, tridimensional.

D. dijo...

Yo iba a preguntar -indiscretamente- si la historia era ficción, pero supongo que ya no tiene mucho sentido (o sí lo tiene??). Buen giro final =)

Pete Vicetown dijo...

Seguro que Simón estaría encantado de que dejaras de serlo.

Un beso.
Pete Vicetown.

franco ferreira dijo...

que bakan. me gustó. Tiene ese espíritu como del santiago en 100 palabras, aunque, claro, con más palabras y no hablas de santiago.
me gustan esos finales sorpresivos.

Nos estamos leyendo ;)

odris dijo...

encantadora historia
atrapados en su propia realidad