"La gente feliz no tiene historia"
Simone de Beauvoir
El hombre apuntó algunos símbolos en su libreta y se perdió tras la larga fila de mesas esperando a ser atendidas. Eran las seis de la tarde y el café en la calle Avellanedo estaba repleto
__¿Qué es?- atinó a preguntar sin comprender bien la relación entre la imagen que le mostraba y el suicidio. “Suicidarse” pensaba “mi hija quiere suicidarse”
__La portada de tu último libro, la recorté del periódico.
__Ya veo.
__Es bien regular. No hay mucha originalidad. Debiste comprar la fotografía, no sacarla tú.
__No pretendo ser artista.-dijo él, como excusándose- Las letras me parecen un poco subestimadas por estos días. Las imágenes, en cambio, se quedan más tiempo, y llevan muchas veces a detenerse y analizarlas. Si yo escribí el libro, ¿quién mejor que yo para plasmarlo en una imagen que resuma en parte lo que significa? He plasmado ahí mi pequeña protesta la falta de significancia que los editores plasman en las portadas de los libros.
__La crítica de los artistas carece de significación en el ámbito de la cultura de masas. Tú dices que es por un tema de significancia, pero en el fondo es porque hoy en día todo se neutraliza, y comienza a carecer de originalidad, de la misma forma en que se neutraliza el aroma de los libros. En este universo de masas con colores políticos, una fotografía tomada por ti y no la imagen al azar que el editor debería haber puesto, según su intuición, influenciada en conocimientos de mercado, más que en el arte mismo, es menos que la barriga de una luciérnaga apagándose como protesta en contra del calentamiento global
__No he querido rebelarme contra el calentamiento global. La portada es la portada, nada más. Es más importante lo del interior, de otro modo habría sido fotógrafo__respondió tardíamente Carlos, mientras huía temeroso de la mirada de su hija
__¿Por qué hablaste de suicidio?__ retomó hábilmente el tema dejando a Rebeca con el contra argumento frenado en la boca.__ Es que acaso ¿Has pensado en suicidarte?
__¿Tú no?
__Estamos hablando de ti
__Estamos hablando -dijo ella marcando los límites- Respóndeme, ¿tú nunca has pensado en suicidarte? ¿Nunca has estado tan harto de todo, con un desconsuelo creciente y una tristeza como sin destino que se apodera de todas las horas del día, que se hace más importante que el comer, el dormir, el amar, el odiar o conversar? ¿Nunca has despertado en plena madrugada sintiéndote vacío y al mismo tiempo cargando en tu pecho ladrillos pesados e invisibles que te recuerdan lo poco que has logrado. Que te dictan sin cesar el tiempo que has desperdiciado, y que no se van con un vaso de leche, o con píldoras para dormir, sino que al contrario, gritan cada vez más fuerte dejándote casi sorda y te hacen encoger y mirar a tu alrededor para descubrir todo lo que jamás vas a poder alcanzar en realidad, porque no eres lo suficientemente atractiva, inteligente, adinerada, afortunada ni cuentas con el tiempo suficiente para poder obtenerlo? ¿Nunca has querido ponerle fin a eso y resetear todo para que el azar te sitúe en una mejor posición? En todo caso -mencionó esbozando una sonrisa- creo que hablando contigo debería preguntar primero: ¿Eres lo suficientemente sincero contigo mismo para poder responderme?
Carlos bajó la mirada, en forma casi resignada. Dejó la cuchara sobre el pequeño platillo blanco. Mientras sentía crecer aún más la oscuridad a su alrededor, y casi podía saborear la arena que le llegaba ya al cuello.
__ Si. Y supongo- susurró él- que ha de ser algo que se lleva en los genes.
__Entonces la mitad de los míos están perdidos.