Aquel abismo en el que me pierdo cada madrugada antes de retornar al sueño, se convirtió esa noche en recuerdo.
Mis manos entumecidas, y mi cuello acostumbrado a torcerse bajo los alambrados espinosos, esperaban el alba a la sombra de las zanjas que acumulaban, además de pútrido aroma, miles de cuerpos. Aún no me acostumbraba a mi cabeza rapada, anónima, numerada... En aquel tiempo aún creía tener nombre, y me costaba responder al número de tres cifras al que había sido destinada. Sobre el suelo frío que robaba el poco calor que entre dos o tres mujeres más lográbamos acumular, se reflejaban algunos haces tenues de luz muerta, opaca, añeja. Nos observábamos a veces, con los labios apretados rezando alguna oración mientras el vacío se llenaba de los desgarradores gritos de algunas niñas desvirgadas. Reviví también los golpes, y las ordenes funestas de una mano dictando tortuosos veredictos.
Antes de retornar al sueño, recordé el último día, en que luego de limpiar algunas botas que no me correspondían conseguí obtener un beneficio extra. Tuve que elegir entre un libro y un trozo de pan...
¿Cómo habrá sido el sabor de aquel bocado?
Mis manos entumecidas, y mi cuello acostumbrado a torcerse bajo los alambrados espinosos, esperaban el alba a la sombra de las zanjas que acumulaban, además de pútrido aroma, miles de cuerpos. Aún no me acostumbraba a mi cabeza rapada, anónima, numerada... En aquel tiempo aún creía tener nombre, y me costaba responder al número de tres cifras al que había sido destinada. Sobre el suelo frío que robaba el poco calor que entre dos o tres mujeres más lográbamos acumular, se reflejaban algunos haces tenues de luz muerta, opaca, añeja. Nos observábamos a veces, con los labios apretados rezando alguna oración mientras el vacío se llenaba de los desgarradores gritos de algunas niñas desvirgadas. Reviví también los golpes, y las ordenes funestas de una mano dictando tortuosos veredictos.
Antes de retornar al sueño, recordé el último día, en que luego de limpiar algunas botas que no me correspondían conseguí obtener un beneficio extra. Tuve que elegir entre un libro y un trozo de pan...
¿Cómo habrá sido el sabor de aquel bocado?

2 comentarios:
Es un texto terrible, y maravillosamente narrado.
Es un placer, Feña. Nos leemos.
Wow, sorprendida, y claro que tienes todo el permiso del mundo para vagar y merodear por mis tierras... que final ! creeme, que habria elegido exactamente lo mismo...
Publicar un comentario